El transcurso del año 2024 en la cadena láctea colombiana presenta una situación atípica que, marca una vez más, la necesidad de fortalecer el trabajo en equipo entre productores de leche y redoblar esfuerzos para conectarnos de cerca con los consumidores.
La producción nacional de leche tuvo una tendencia creciente en los últimos meses de 2023 que, con la entrada del verano, presentó caídas en enero y febrero con repunte en marzo de 2024 frente los respectivos meses anteriores. Esta situación ha sido acompañada por una tendencia a la baja en el precio pagado al productor durante los últimos 13 meses. El precio al productor ha cedido 8% en marzo (USP Minagricultura) y 15.9% en abril de 2024 (Registro de facturas Bolsa Mercantil de Colombia) frente al cierre del año 2022. Además, en algunas regiones se presenta un factor adicional desafortunado y de impacto negativo de largo plazo: las limitaciones o “promedios” en el acopio de la leche producida en finca. Todo esto, en una coyuntura inicial de verano intenso, de gran complejidad, en el que productores hacen esfuerzos importantes para garantizar el bienestar de los animales y la producción de leche. Además, con el regreso de las lluvias y probable inicio de condiciones asociadas al Fenómeno de la Niña, se tiene una proyección de mayor producción entre abril y julio. Esto, a su vez, genera incertidumbre frente a las condiciones de mercado de la cadena hacia la mitad del año. Estos esfuerzos de los productores de leche están aún por reflejarse coherentemente en los precios a la salida de las plantas procesadoras y en tiendas, plazas y supermercados que venden al consumidor final.
Tras un periodo de salida de la pandemia con crecimiento en el consumo nacional, la situación económica del país con crecimiento limitado y altos niveles de inflación han sido un obstáculo contundente para el consumo y la confianza de los hogares, generando así, restricciones importantes en el consumo. Lo anterior ha impactado en los lácteos que consumimos, encareciéndolos, generando inventarios mayores en la industria procesadora de leche y presión a la baja en el precio pagado y volumen comprado al productor. La coherencia de los precios en planta y al consumidor final con el esfuerzo ya mencionado de los productores de leche es y será esencial para retomar la tendencia al alza en el consumo de lácteos.
A pesar de la compleja coyuntura sectorial, no se debe perder de vista, el crecimiento continuo de la demanda de lácteos nacional y globalmente ni la oportunidad que de allí se deriva para la cadena. El enorme reto de seguridad alimentaria y nutricional global actual, el crecimiento constante de la población mundial y su respectivo envejecimiento, aclaran la gran oportunidad que tienen los lácteos como alimentos densamente nutritivos, de tradición, de buen sabor y con historias de sostenibilidad integral. Aunque cada vez será más regulada la producción de alimentos, la oportunidad para su producción y en particular para la producción de leche es clara.
Para el corto plazo, existen programas activos que buscan la descongestión del mercado. Con recursos de los productores de leche, el Fondo de Estabilización de Precios de la Carne y de la Leche, integrado por Minagricultura, Unaga, Fedegán y Analac, activó el mecanismo de estabilización para la exportación de leche en polvo por $3,600 millones de pesos y el programa de estabilización para la venta de lácteos (leche en polvo, UAT y quesos) a través de la Bolsa Mercantil por $4,000 millones de pesos. El llamado a la industria procesadora de leche es que se aprovechen ambos programas en el corto plazo y que de esa manera se logre aliviar parcialmente la situación que estamos enfrentando.
Para productores de leche, la invitación es a hablar cada vez más y mejor de nuestro sector y de los lácteos, buscando una relación muy cercana con los consumidores. Somos un país cercano al consumo de lácteos. Es una ventaja con la que contamos y una gran herramienta para navegar estos difíciles momentos.
